Sicrya Syrah 2015: de la tradición familiar al cultivo ecológico

De la visita que realicé a Biocultura 2017, y de la que ya os hablé en el enlace, varios fueron los descubrimientos que de allí me traje. A parte de pasar por varios stands de productos ecológicos e interesarme por sus productos, métodos de elaboración, cultivo, …etc., y como, adquirir algunos para disfrutarlos ya en casa. Entre conservas, aceites y unas cuantas bodegas descubrí una que me pareció ciertamente interesante, Bodegas Odum.

Bodegas Odum

Bodega de reciente creación, inicia su actividad en 2014, no así en el sector vinícola, ya que anteriores generaciones se dedicaban al cutivo de la vid y elaboración del vino de forma tradicinal, pero no de manera ecológica. Con una extensión total de 40 Has. sobre suelos franco-arenosos, profundos y con buen drenaje cultivan las variedades Tempranillo, Syrah y Monastrell, a una altitud de 580 metros dentro de las denominaciones de origen Jumilla y Yecla. La vendimia se realiza manualmente como exige la normativa de los vinos bajo el sello ecológico.

Angel Santos, uno de los responsables, me cuenta que “el proyecto familiar se una unión entre los conocimientos y experiencia que posee su abuelo, y los avances que a día de hoy aportan las nuevas tecnologías”.

Mientras conversaba con Angel probé varios de sus vinos, pero hubo uno que me llamó especialmente la atención, Sicrya Syrah 2015, y eso que la cata, por llamarla así, era en vasos de chupito de plástico, no es lo más normal, pero en una feria ya se sabe.

Sicrya Syrah 2015 sin denominación de origen y de cultuivo ecológico, monovarietal de uva Syrah (100%) con 12 mese de crianza en barricas de roble francés. De un intenso color picota madura y capa alta, aromas a fruta madura, toques florales. Ya en boca destaca su frescura, cuerpo, equilibrio y dulce tanicidad con un final largo agradable. Servir a 14° – 16°. Un vino que le irían bien los ibéricos, guisos de carne e incluso pasta con setas. Precio 15 €. 

Un vino que no tiene nada que envidiar a los de producción “habitual”, que integra perfectamente lo que se entiende por vino clásico, con la modernidad y jovialidad de los vinos actuales. 

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